Comentario a la Ley 21.170 (“Antiportonazos”)

En principio, parece una ley populista que no tipifica nada nuevo. Es decir, se hace cargo de conductas que ya habrían sido punibles bajo la normativa anterior. Vamos a explicar “técnicamente” los aspectos más relevantes.

El art. 436 inciso finaldel Código Penal señala: “También será considerado robo…”. Con esto se hace referencia a conductas que, en principio, se castigarían con el tipo residual sobre los delitos que protegen a la propiedad con ruptura de la esfera de custodia: los hurtos. La pena básica –que no toma en consideración el valor de lo sustraído— es de tres años y un día hasta cinco años de privación de libertad.

Se castiga la “apropiación de vehículos motorizados”. ¿Qué son? Aquellos medios de desplazamiento terrestre, autopropulsados, que se destinan para el traslado de personas o cosas, y que se encuentran obligados obtener un permiso de circulación para transitar.Los remolques, acoplados, casas rodantes, y/u otros similares, que no se puedan “autopropulsar”, pero que circulan por vías públicas, también se consideran a estos efectos como “vehículos motorizados”, debiendo contar con un seguro obligatorio, de la misma forma que el vehículo principal que los propulsa.

La conducta típica se refiere a diferentes medios de comisión. Son ejemplos, no requisitos copulativos, al decir la ley “siempre que se el autor se valga…”:

  1. De la sorpresa. Es un concepto normativo que se entiende de la misma forma que en el robo por sorpresa. Es decir, se trata del arrebato repentino, súbito e imprevisto, cuya propia rapidez suspende la reacción de la víctima, y le priva toda posibilidad de repeler el ataque. No se trata necesariamente de una conducta “clandestina”. Se requiere de alguna “violencia”, que suponga un daño en la víctima, pero solo el necesario para hacer efectivo el arrebato. Por ejemplo, una caída.
  2. De la distracción de la víctima. ¿Qué significa? La acción y efecto de “distraer”, o sea, apartar la atención de alguien del objeto a que la aplicaba o a que debía aplicarla.
  3. O, que se genere por parte del autor “cualquier maniobra distractora”, cuyo objeto sea que la víctima abandone el vehículo para facilitar su apropiación. Esto debe entenderse en sentido amplio.

Sobre el momento y lugares de la conducta se pueden decir varias cosas. Deben efectuarse al instante en que la víctima se presta a ingresar o hacer abandono de cualquiera de los siguientes lugares: lugar habitado, destinado a la habitación, dependencias de los anteriores (estas tres clases de lugar se explican de la misma forma que en el robo con fuerza en las cosas); o, en el lugar del trabajo de la víctima. Expliquemos.

¿Qué es un “lugar”? Es un sitio cerrado o que no tenga resguardos o reparos materiales, aunque no se trate de un edificio propiamente tal.

¿Qué significa que sea “habitado”? Se trata del hogar doméstico o de la morada. Y, ¿destinado a la habitación? Es aquel que, no construido a tal efecto, se destina de hecho a ese uso. En los dos casos anteriores lo esencial es el riesgo o peligro para la seguridad de los moradores al momento del robo, con independencia que se encuentren presentes o no en ese instante. Siguiendo el mismo criterio del “riesgo”, por “dependencias” se comprenden aquellos sitios o edificios contiguos a la construcción principal, en comunicación interior con ella, y con la cual forman “un solo todo”.

¿Qué es lugar del trabajo de la víctima? El nuevo delito no lo define. La historia de la ley, tampoco. Pensamos que es aquel donde realiza sus funciones laborales, remuneradas o no, ya sea por cuenta propia o ajena. Por ejemplo, podría ser de esta clase de lugar un restaurante o un café donde se sostiene una reunión con un cliente.

La forma de comisión del delito es amplia. Pero, la ley establece un límite: la existencia de “violencia o intimidación”, que se define en el art. 439 CP:

  1. Los malos tratamientos de obra, las amenazas ya para hacer que se entreguen o manifiesten las cosas, ya para impedir la resistencia u oposición a que se quiten, o cualquier otro acto que pueda intimidar o forzar a la manifestación o entrega.
  2. Hará también violencia el que para obtener la entrega o manifestación alegare orden falsa de alguna autoridad, o la diere por sí fingiéndose ministro de justicia o funcionario público.
  3. Por su parte, hará también intimidación el que para apropiarse u obtener la entrega o manifestación de un vehículo motorizado o de las cosas ubicadas dentro del mismo, fracture sus vidrios, encontrándose personas en su interior, sin perjuicio de la prueba que se pudiere presentar en contrario.

La “violencia” es la energía o fuerza física empleada sobre la víctima, los malos tratos para hacer que se manifiesten o entreguen las cosas, o para impedir la resistencia a que se las quiten. La intimidación también es aplicable a estos tres momentos, pero se refiere a las “amenazas”. Por “manifestación” se comprende la acción y efecto de manifestar o manifestarse; es decir, descubrir o poner las cosas a la vista. O, también se refiere a declararlas o darlas a conocer.Por último, el concepto de “fractura” debe comprenderse de la misma manera que en el robo con fuerza en las cosas. Es decir, es la rotura o separación violenta de una parte de una cosa. En este caso, solamente de los vidrios de un vehículo motorizado.

Así, de existir violencia o intimidación en el “portonazo” se aplicará el inciso primero del art. 436 CP (la pena es más alta: comienza en 5 años y 1 día, y puede llegar hasta los 20 años de privación de libertad).

Por último, se establece una agravante en el art. 455 bis CP: que el autor inicie la conducción del vehículo si al momento del robo había dentro menores de edad o personas que no pudieren abandonarlo por sus propios medios (la pena será de 10 años y un día hasta 20 años).

Gustavo Balmaceda Hoyos, Doctor en Derecho.